Cien años de soledad de Gabriel García Márquez es una historia llena de elementos del llamado “realismo mágico”, en donde todo es posible y además una de las más comentadas de todos los tiempos. El autor nace en 1927 en Aracataca, Colombia, y permanece viviendo allí al lado de sus abuelos hasta 1936, quienes fomentan en él una gran sensibilidad creativa al contarle principalmente anécdotas e historias. Estudia en el Liceo nacional de Zipaquirá y es ahí donde su profesor de literatura se percata de los dotes del muchacho, quien ya esbozaba algunos cuentos y poemas; termina su educación secundaria de manera brillante. Instado por sus padres, se traslada a Bogotá para estudiar derecho en la Universidad Nacional aunque posteriormente asiste a la Universidad de Cartagena donde continuó siendo irregular como alumno de leyes, pero es donde obtiene su primer trabajo periodístico al conseguírsele una columna diaria en el recién fundado periódico El Universal.

A partir de allí García Márquez vive la literatura y el periodismo intensamente, dirigiendo publicaciones, viajando por Europa, radicando en México, ideando y alimentando su obra magna. Esta llega durante 1966 y se publica al fin en 1967; Cien años de soledad es un hito en la historia de la literatura hispanoamericana y mundial, es la novela que más traducciones tiene y que más ventas ha logrado; aparece en plena época de intensos movimientos políticos en Latinoamérica, pero pareciera que su contenido es lo que viene a sacarnos de todo ello, con una magia muy particular.

Desde la primera página nos damos cuenta de que el narrador es una tercera persona omnisciente que sabe acerca del presente y pasado del personaje principal, y nos lleva de la mano para conocer a la familia Buendía en un recorrido multigeneracional a través de cien años de toda esta estirpe en el extraño pueblo de Macondo, fundado por ellos mismos. Este narrador cambia en la parte final de la novela, para volverse un personaje dentro de la misma; otra innovación del autor colombiano.

El uso constante de la hipérbole o la exageración de aquello de lo que se habla, es uno de los elementos más utilizados en la narración, un elemento literario fundamental para García Márquez, es el reflejo de un mundo ficcional en el que todo es posible. También es una forma de acabar con un realismo copia de lo “real” del mundo físico, y es aquí, en donde radica el enorme éxito de esta obra pues el lector se regocija ante posibilidades exageradas y humanamente inalcanzables. Macondo mismo es en sí una exageración de pueblo en el que seguramente muchos lectores sueñan estar.

En Macondo no se puede distinguir entre la realidad y la irrealidad. Macondo es un territorio mágico, donde cualquier cosa puede pasar por otra. Lo maravilloso convive con lo cotidiano y a través de un lenguaje evocador y preciso, es posible hacer vivir lo inverosímil. La construcción imaginaria tiene sus raíces profundas en la realidad americana, con la que tanto fue confrontado García Márquez desde su infancia. El diálogo entre los vivos y los muertos, la cruz, cuando Remedios la bella desaparecía volando con una sabana; cuando hubo en Macondo un diluvio que duro más de cuatro años, la lluvia de flores, cuando nace el último miembro de la familia con cola de cerdo; cuando al último integrante de la familia Buendía se lo comen las hormigas; son todos elementos de situaciones que ilustran el realismo mágico a la perfección; hechos que tienen base real, pero que son imposibles en el mundo humano.

La historia transcurre en un pueblo llamado Macondo, el cual fue fundado por José Arcadio Buendía debido a que éste se marchó de Riohacha junto a su esposa, Úrsula Iguarán, por haber matado a un hombre. Ellos se habían casado a pesar de ser primos y de un precedente que indicaba que de un matrimonio en el cual hubiera vínculos familiares podía nacer un hijo con cola de cerdo, pero por suerte eso no ocurrió. Tuvieron tres hijos, y así empieza la historia de la familia Buendía, que es la primera generación que comienza por describir García Márquez.

Luego aparece un personaje llamado Melquíades, un gitano de múltiples conocimientos intelectuales, y que afirmaba poseer las claves de Nostradamus, razón por la cual le deja escrito a José Arcadio un pergamino, que pasa por las seis generaciones sin haberse podido descifrar. Solamente el último Aureliano, luego de que se cumpliera que el hijo de familiares nacería con cola de cerdo y se lo comieran las hormigas, pudo revelar las claves con que estaba escrito aquel pergamino. Éste contenía nada menos que la historia de la familia ordenada en tiempo y espacio, pero escrita cien años antes.

Otro aspecto de técnica narrativa importante en la novela es la construcción del tiempo, utilizando lo que se conoce como analepsis y prolepsis: constantes saltos del presente al pasado y repentinamente al futuro lo cual se aprecia desde el primer momento de la novela:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en la que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces”.

Pareciera que el tiempo es circular, porque hay varios hechos que se repiten cada cierto tiempo. Los mismos nombres, las mismas características de los personajes se heredan de generación en generación, y los hechos son similares hasta el fin de la novela. Y también se distingue una estructura lineal, porque toda la vida de estos personajes estaba narrada en unos pergaminos escritos por uno de los personajes:

“radicaba en que Melquíades no había ordenado los hechos en el tiempo convencional de los hombres, sino que concentró un siglo de episodios cotidianos, de modo que todos coexistieran en un instante.”

Con tan variados recursos técnicos y un tema de reflexión, no es de extrañar el rotundo éxito de esta novela y de su importancia en la literatura hispanoamericana del siglo XX; la forma en la que García Márquez concluye la obra es deliciosa; retomando un poco incluso el estílo bíblico, le pone la cereza al pastel que habría de inmortalizarlo, sintetizando el mensaje principal de la obra como un reflejo de nuestras sociedades y sentenciando en su estilo particular a la humanidad:

“y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Sin duda alguna, este mensaje continúa vigente hasta nuestros días, ha sido un gran viaje leer esta novela y regodearme en tantas y tantas imágenes que nos quedan grabadas en la mente, a fin de cuentas ¡esto es literatura!

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

García Márquez, Gabriel. Cien años de soledad. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1967.
Menton, Seymour. El cuento hispanoamericano. 3ª ed. México: Fondo de Cultura Económica, 1970.

MESOGRAFÍA

Biografía y vidas. “Gabriel García Márquez”. 2004. 4 sep. 2009.

Popularity: 5% [?]