Los días aquí se pasan tan bien; más o menos nuestra rutina es la siguiente: Despertamos a las 12 ó 1 de la tarde, bajamos a desayunar la gran variedad de quesos, panes, jaleas, café, bionadas ¡jajaja! (bebida no alcohólica a manera de refresco pero biológico), nos duchamos por turnos, salimos a algún punto de las festividades en donde nos divertimos como alemanes comiendo y bebiendo cervezas a placer, regresamos mareados a seguirla en la casa mientras escuchamos música y nos dormimos rendidos; básicamente así “sufrimos” con nuestros anfitriones de lujo, salvo algunas excepciones en las que cambiamos algo por jugar juegos de mesa ó en el jardín de la casa… Ahh el jardín es maravilloso, llenos de flores veraniegas y de abejorros pispiretos y muy ordenados –no vienen a joderle a uno–, hoy por la mañana, me he puesto a pelar fresas mientras disfrutaba el jardín.
Entre las actividades de la semana de Kiel a las que Thomas y Betti nos han llevado; destaca la visita al mini-fiordo y el muelle lleno de veleros de todas nacionalidades, donde comimos un pescado frito local que me recordó al que vendían en el mercado sobreruedas de la casa de la tía Rossy en los ochentas… nada más que acá le ponen la deliciosa remolada como aderezo o bien, salsa de ajo. También hemos asistido a otra parte del muelle en donde hay un laaargo camino lleno de puestos de cervezas alemanas diversas por región, comida con Würsts de todas las regiones, postres, cocteles gigantes, y mucha gente congregada; se hacen conciertos de bandas tributo alemanas; por ejemplo, hemos visto una que hace covers de Queen de manera excelsa y también otra que coverea al AC/DC en donde nos pusimos una muy buena jarra. Así mismo, visitamos el lugar en donde se tiene la tradición de volar globos aerostáticos con la noche de fondo, se lanzan fuegos artificiales y se come y bebe como si no hubiese mañana; así viven los kielinos la semana dedicada a su ciudad.
Por mi parte, he bebido cerveza como nunca antes en mi vida y en cantidades industriales: en la casa Schöenemann es una constante, nunca falta; pero además afuera puede uno probar una variedad impresionante; las oscuras, las rojas, las claras, de barril, de diversas regiones alemanas; lo mismo pasa con las salchichas y su enorme tradición; hay muchos tipos de würst y todos deliciosos; en pocas palabras, uno traga y bebe hasta el hartazgo y siempre anda en estado medio etílico. Es como haberla agarrado por una semana completa ¡jajaja!, supongo que en el crudo invierno nor-europeo esto cobra mayor sentido.
Precisamente el día que fuímos a lo de los globos, manejé el Golf plata de regreso a casa, pues era el que tenía el menor índice de alcohol en la sangre. Fue una experiencia muy agradable manejar en una ciudad alemana y aunque casi nos estampa un auto lujoso, logré llevarlos sanos y salvos a nuestro destino. He intentado relajarme pues la primera parte de este tour fué realmente agotadora; ahora atino a levantarme lo más tarde que pueda, pero el alcohol diario y las risas también agotan.
Nos quedan tres días en Kiel, iremos a una tienda de discos a ver que hallamos, Faridee y Fernando deberán regresar a México desde Berlín en donde yo me quedaré mis últimos cuatro días en el viejo continente; hasta ahora Alemania me ha gustado como la verdad no esperaba que lo hiciera, es agradable; y sobretodo me siento bien estando en compañía de mis amigos; seguiremos actualizando…
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